Cuanto más sabes sobre alguien, más deberías quererlo. Pero casi nunca es así porque la confianza acaba dando asco. Empiezas a descubrir los defectos de la otra persona y esa otra persona descubre que tú también tienes lo tuyo. Son muy pocos los que son capaces de ver sus defectos y mejorarlos. En lo primero que piensa la mayoría es en sí mismo. "¿Por qué voy a compartir mi vida con alguien que tiene cosas que no me gustan? Me merezco algo mejor".
Así nos pasamos la vida buscando a alguien que sea como nosotros queremos que sea. Y lo que va a ocurrir es que lo único que vamos a encontrar al final es a nosotros mismos, solos. Será entonces cuando nos demos cuenta de que no sabemos estar solos y que quererse y odiarse, a veces a partes iguales, es mucho más divertido.
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